Putaendo, su valle y su gente

La vida en el valle en la época de las carretas
(Extractos del estudio Hombres y mujeres en Putaendo: sus discursos y su visión de la historia, de Lilia Acuña, Centro de estudios de la mujer, Santiago, 1986)

El inquilinaje
"El fundo producía grandes cantidades de trigo, pasto y ganadería. Tenía por lo menos sus cinco mil cabezas de ganado vacuno, dos mil ovejas, y caballares tenía como mil.Mínimo tendría como ciento treinta inquilinos, obligados a trabajar, por una ración de tierra que se llamaba. Cada uno tenía en ese tiempo, un arriendo: se llamaba arriendo un pedazo de tierra que le daban más o menos de dos hectáreas, con casa. Por eso el inquilino era obligado a trabajar de las cinco de la mañana. Les tocaban una bocina, el administrador. Hasta que se oscurecía en la noche. No eran ocho horas de trabajo sino que eran como doce horas. Trabajo todo pesado, en la pastería sobre todo. Les daban tareas, les daban que tenían que sacar por lo menos cuatrocientos fardos entre seis personas. Cada fardo tenía que pesar como ochenta kilos... y el que se cansaba, lo corrían para la casa y no le daban más trabajo, le quitaban la tierra y la casa.

El que tenía más animales, más recursos, contrataba una persona, le pagaban un tanto y esa persona le cumplía la obligación a la hacienda y ellos trabajaban su terreno, cuidaban sus animales, vendía, y con eso pagaban a la persona. Fuera de eso les pedían un peón de trilla que se llamaba, era por tres meses. Cuando se llegaban las trillas de trigo, el apuro del pasto, en el mes de enero, febrero y marzo, fuera de tener una persona trabajando, o el dueño del arriendo trabajando, tenían que poner una persona más, por tres meses. Entonces, el que era uno solo en la casa tenía que buscar otra persona y pagarle para cumplir los tres meses.

Ahora, cuando se necesitaban para el cerro, la persona que tenía animales, también tenía que ir al cerro obligadamente, siete, ocho días. Todas esas cosas. Entonces la mayoría tenía hijos hombres ya, que tenían más de quince años, mandaba el hijo al cerro, o a la hacienda y ellos iban a cumplir obligación al cerro. Todo eso era así. Y el que no iba al cerro, también le quitaban un mes de trabajo, cosas así.

Nosotros éramos ocho hombres. Desde chicos estuvimos trabajando la tierra. Trabajábamos tierras a medias por ahí, porque nos sobraba algo de tiempo, fuera de la tierra que le daban a él como goce. Acá todo lo hacían igual, hacían trabajar los hijos y a la mujer en la tierra que le daban y ellos cumplían la obligación en la hacienda, o contrataban un peón. Y el que fallaba un día le quitaban dos o tres de trabajo en la hacienda. Y después fuimos creciendo y desgraciadamente los mayores no pudimos estudiar. Tuvimos apenas hasta los quince años, que se cumplía la escuela básica, aquí mismo en el fundo, y de ahí a puro trabajar."
(Testimonio de Ramón)

La trilla

"Cuando tocaba cosechar trigo, ahí una máquina trilladora que corría con un motor, con la misma paja lo calentaban ahí, y empezaba la máquina. Empezaba tarde la máquina porque hasta cuando el trigo estaba seco ya. Pero era un tremendo trabajo. Sacaban gente de afuera, contrataba el patrón para que los segara, el trigo amarrado. Y la gente para que le cundiera más, hacían atados muy re'grandes de trigo, pesaban más de 80 kilos cada atado. Entonces, en el encierre del trigo para llevar a la vega donde estaba la máquina, era un tremendo peladero, un trabajo eterno. Entonces trabajaba el hombre que estaba cargando en la carreta, y trabajaban los que estaban levantando con la horqueta las gavillas para echar arriba. Ahí se entraba tarde, como a las nueve a trillar, pero habían estrellas y todavía la máquina trillando y el Administrador y don Marcial en una victoria afuera ahí parado. Mientras el patrón no se fuera la máquina no paraba. Entonces, en la noche, cuando tenía polilla el trigo, apolilladas, colorás enteras las camisas, transpirados los hombres en los canales lavándose." (Testimonio de Juan)

Los trabajos que mataban a los hombres

"El pasto antes lo cortaban en máquina sí, pero lo rastrillaban y lo amontonaban con los rastrillos que les llamaban y después al puro hombro los hombres lo echaban a la carreta. Antes no habían colosos como hay ahora, no habían tractores. Habían puras carretas de bueyes, tiradas con dos yuntas de bueyes. Era pesado y cargaban esas carretas inmensas de altas y las acarreaban al Tártaro o si no a Vicuña, adonde estaba el establecimiento para amontonar el pasto para picarlo. Después de la picadura venía la enfardadura y ésos eran los trabajos pesados de antes. Ésos eran los que mataban a los hombres..."(Testimonio de Sara)